Argentina, enclave sojero ante la Ley de Semillas
por Matilde Fierro
La Argentina, que si el clima ayuda tal vez logre una alta cosecha que vuelva a superar los 50 millones de toneladas del grano de la oleaginosa, es un enclave sojero que afronta una posible Ley de Semillas que quitará el beneficio al productor del uso propio.
En tanto, la realidad marca que hay un muy alto nivel de concentración de la actividad productiva mientras el pequeño y mediano productor hace esfuerzos por sobrevivir porque la competitividad y la rentabilidad le son esquivos.
El panorama es de alta concentración denuncian las entidades
ruralistas que saben que un productor con 5000 hectáreas tiene
espaldas para resistir los altos costos y la embestida tributaria,
pero uno de 200 ve peligrar todo y a toda hora.
Una prueba es lo que sucede con el maíz: en plena época de
siembra del cereal, el Panorama Agrícola Semanal de la Bolsa de
Cereales de Buenos Aires, destacó que sólo se estima la cobertura
del 3,4 millones de hectáreas, con una caída de 12 por ciento
respecto de la campaña anterior 2011-2012.
En el enclave sojero hubo una época en que la rotación era un
hecho y eso vigilaba el estado del recurso suelo ya que a una
campaña de soja le seguía en esa superficie, una de maíz y había
renovación ecológica sumado a la rotación cada cinco o seis años
con ganadería.
Eso es cosa del pasado, Argentina con Brasil configuran el
primer productor y exportador del mundo de soja.
Pero hay voces de alarma, porque una vez por semana, como nos
confirmó el economista de Coninagro Federico Landgraf, se reúne
una mesa que discute el proyecto de una posible Ley de Semillas.
En esta mesa se avanza en el denominado "uso oneroso" es
decir que si el productor guarda semillas de su propia cosecha
para sembrar tiene que pagar un "canon tecnológico", una figura
similar al pago de "regalías".
Como concesiones: el productor podría saber con anterioridad
"cuando compra alguna semilla, cuál va a ser el canon tecnológico
que tendrá que pagar si hace uso propio".
"Si guarda semilla y usa, el productor debe saber por lo menos
con tres campañas de anterioridad consecutivas cuánto le va a
costar a él utilizar esa semilla", indicó Landgraf a Noticias
Argentinas, quien integra las mesas de discusiones.
Para Federación Agraria Argentina (FAA), en tanto, el curso de
los acontecimientos equivale a un escándalo, se retiró de la mesa,
ratificó el derecho de los productores a usar su propia semilla
como una posibilidad ancestral y pidió a sus agrodiputados que
elaboren un nuevo proyecto legislativo que se oponga al que
impulsa el oficialismo con la industria semillera.
Para Eduardo Buzzi, quien acaba de ser reelecto como presidente
de FAA en su décimotercer mandato la Argentina es efectivamente
un "enclave sojero" y los productores terminarán en manos de las
multinacionales.
En la entidad, consideran que el actual proyecto de la Ley de
Semillas está hecha a la medida de la empresa Monsanto.
Por su parte, la Confederación de Asociaciones Rurales de
Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) que agrupa a 114 entidades
también puso el grito en el cielo.
Con un comunicado manifestó su intensa "preocupación" porque el
productor pierda su beneficio del uso propio.
El asunto es que se creará un nuevo registro que será
competencia del Instituto Nacional de Semilla (INASE) que junto a
otro organismo, el Registro Nacional de Agricultura Familiar
(RENAF) que dirige Emilio Pérsico serían los encargados de decidir
qué productores podrán hacer uso "propio" (gratuito).
Los dirigentes consultados opinan que este proyecto le da más
poder al gobierno.
En diálogo con NA, el secretario de CARBAP, Matías de Velazco,
se quejó porque el productor deberá pagar todos los años por
sembrar y será un grupo privilegiado el que estará exceptuado.
Por ahora, los diputados nacionales Pablo Orsolini, Ulises
Forte y Omar Barchetta de la Federación Agraria sondearán el
ámbito legislativo en búsqueda de consenso para que los
productores, a través de un nuevo proyecto, no
pierda el uso propio que tiene desde hace más de 40 años.
Algunos datos indican por qué a las multinacionales les
conviene el cambio: actualmente es fiscalizado sólo casi el 37 por
ciento del mercado de semillas de soja, unos 300 millones de
dólares al año que podrían crecer, en el enclave sojero, a mil
millones de dólares.
por Matilde Fierro periodista NA /Primicias Rurales

No hay comentarios:
Publicar un comentario