La cosa Pública es de todos y debería ser sagrada para quienes la administran
por Pedro Aguer
Con la conciencia tranquila, respaldada por la ética, se puede andar por cualquier parte mirando de frente a todo el que pasa.
Es éste, además, el objetivo de la vida republicana en igualdad y democracia.La independencia de poderes y el equilibrio entre los tres administran el Estado.
El Estado es la Nación jurídicamente organizada.El ciudadano debe cumplir obligaciones impuestas y ejercer derechos reconocidos por las leyes.
En cuanto a la igualdad ante la ley, se sobreentiende que es para todos.Si esto es bien entendido el gobierno marcharía sin tener que justificarse.
Los gobernantes no son privilegiados sino servidores públicos.Para la función de gobierno se requiere idoneidad.
Sabido es que estas cosas están bastante lejos de ser la realidad por lo que vemos y nos muestran los medios de comunicación.
Pero no todo está perdido y no hay que llorar sobre la leche derramada.
Queda la escuela, es decir esa parte de la educación que no se puede eludir, pues la enseñanza es obligatoria.
Todos tenemos que pasar alguna vez por la escuela.
Esto es cuestión de estado. Y qué cuestión.En la escuela no se enseña a gobernar, pero sí que las leyes deben cumplirse.Para que se cumpla la ley debe ser conocida.
Lo que es función de cada uno de los poderes de la república debe ser enseñado con claridad. De tal forma que cuando al ciudadano le toque gobernar, ya sea porque es elegido o porque es designado según sea la característica de la función que le sea encomendada, no confunda los roles y cumpla con su pueblo como lo manda la Constitución que es la Carta Magna o ley superior a la que todas las demás leyes están subordinadas.
A esto lo debe saber desde el presidente o la presidente de la república hasta el empleado de menor jerarquía.
Si esto no funciona normalmente es imposible marchar por el camino del progreso.Porque el progreso requiere que estas cuestiones básicas sean comunes y corrientes, para que no se pierda tiempo en lo que es ordenamiento necesario.Para que esto suceda los funcionarios (colaboradores) no deben ser obsecuentes sino consecuentes, es decir, no decir a todo que sí, si no corresponde y señalar los errores, porque de esta manera se benefician las mayorías y sólo pueden resistir poquitos ciudadanos hasta que se encarrilen.
Los gobernantes deben rodearse por ciudadanos leales, como debieran serlo ellos, al pueblo, pues es como se lo sirve. Los obsecuentes no sirven ni para mandaderos.
La lealtad debe ser garantizada por quienes tienen las máximas responsabilidades de gobernar en cualquier poder de que se trate.La lealtad debe estar acompañada por una gran prudencia y por una gran austeridad. Es de la cosa pública de lo que tienen que ocuparse, la cosa que es de todos. No olvidar, jamás, que los dineros que se manejan en la cosa pública son sagrados porque de su administración depende nada menos que el bienestar o la ruina de toda la población.
Lo que llevamos planteado, lo puede entender un niño al que se le sepa despertar el interés por donde vive y con quienes comparte la vida.Si los niños lo pueden entender quiere decir que los adultos lo deben saber.Si no se empieza por estos elementos de convivencia republicana y democrática, tarde o temprano la perderemos para siempre.
Además, creer que se posee la verdad es una actitud soberbia, pero descubriendo verdades la ignorancia se achica, que es como la información va transmutando en sabiduría. Gestión que parece olvidarse cuando se llega al gobierno sin humildad republicana, sin vocación democrática y sin conducta igualitaria. Proceso que produce dictaduras y totalitarismos, por cierto siempre innecesarios para el pueblo; para su desarrollo, para su bienestar, para la armonía social. De donde inevitablemente se nutre la violencia, que no es revolucionaria sino reaccionaria. De lo que lamentablemente no se habla. No vaya a ser que el pueblo se dé cuenta y vea con claridad qué es ser revolucionario y qué es ser contrarrevolucionario. Para empezar descubrirá que ninguna dictadura es revolucionaria.
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