lunes, 20 de mayo de 2013


El Mercosur camina por la cornisa

por Mario Alarcón Muñiz

  Desinteligencias, desconfianzas, desidia, están poniendo en peligro el mayor proyecto de integración que de manera directa nos interesa a los entrerrianos.

  “Somos hermanos, derribemos las fronteras”, escribiría si se tratara de un poema. Pero escribo un artículo periodístico. Aquél anhelo (o utopía) salta sobre el tiempo hacia un futuro impreciso y nos deposita en la realidad actual de un acuerdo regional que llega a sus 22 años de vigencia desgastado por avances y retrocesos. En el medio,  problemas y controversias políticas y económicas nos alejan del poema y nos invitan a pisar la tierra.   

  Aquí observamos que el Mercosur existe, pero no funciona. O presenta demasiadas dificultades respecto de lo planificado. Los entrerrianos estamos en condiciones de  comprobarlo. 

  Cada nación atiende su negocio. Vigila su quintita. A las autoridades de nuestro país y a ciertos mortales, les desvelan la calesita del dólar, el mercado cambiario, las denuncias de corrupción, la reforma judicial y como si todo eso fuera poco, otra vez  el fantasma de Clarín, ahora con Lanata a babuchas. Brasil mira más afuera que adentro, busca clientes y vende todo lo que puede. Uruguay está quejoso por “el proyecto autárquico de la Argentina que complica las relaciones y multiplica las dificultades”, según acaba de expresarlo el presidente Mujica. Paraguay, padece una penitencia transitoria, hasta que asuma el nuevo presidente. Venezuela debuta como integrante y  tantea el terreno.

  Ese es el panorama. Somos vecinos, pero muy distantes. 

Todavía no arrancó
  Allá por los años ’80, cuando el Mercosur comenzó a tomar forma, se pensaba que el siglo XXI nos encontraría unidos, recordando la profecía de Perón. Peleados no estamos, pero unidos tampoco. 

  La piedra fundamental del acuerdo la colocaron la Argentina y Brasil (Iguazú, 1986) con la firma de los presidentes Alfonsín y Sarney. El tratado definitivo de creación del Mercosur (Asunción, 1991) lo suscribieron Brasil, Uruguay y Paraguay además de nuestro país, representado por el presidente Menem. Con posterioridad adhirieron como socios, sin incorporación efectiva, Chile, Colombia, Perú y Ecuador. El ingreso de Venezuela al mismo nivel de los fundadores fue resuelto en 2006, pero recién se concretó en diciembre pasado, luego de la sanción a Paraguay por destituir a su presidente constitucional. Hasta entonces Paraguay resistía la incorporación de Venezuela. 

El “cero kilo” en acción  
  No está definido todavía el retorno de Paraguay una vez que ese país recupere el orden institucional en agosto próximo, pues sus autoridades (actuales y futuras) miran con más simpatía a la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México) fundada hace diez meses. La intención del futuro presidente paraguayo Cartes es ”profundizar y estrechar” las relaciones con el Pacífico, acaba de manifestar. Si esto ocurriera, el Mercosur podría perder a uno de sus miembros fundadores. Y no es poco, no sólo por la cuestión de las relaciones continentales, sino también porque los embajadores de Alemania y Francia en Asunción acaban de anunciar esta semana que sus países “no negociarán con el Mercosur si no está Paraguay”; vaya uno a saber por qué.   
           
  La campaña del “cero kilo” también erosiona a la alianza, aunque de otro modo. Brasil se la impuso a Paraguay a principios de abril y hasta el pasado domingo. También a principios de abril Uruguay dispuso el “cero kilo” al comercio diario con nuestro país. Esto perjudica de modo directo a Chajarí, Federación, Concordia, Colón, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú. 
  Lo mismo han solicitado cámaras empresarias paraguayas respecto de la Argentina. Se trata de impedir o en todo  caso limitar el tráfico minorista de mercaderías, al que recurre mucha gente favorecida por la diferencia cambiaria. 

  Durante la semana se reveló que a raíz de estas medidas orientales el movimiento diario por el puente Salto-Concordia se ha reducido en un 50%. Entre Paysandú y Colón es más grave pues la caída alcanza al 63%.

  Si fuera cierto el dato proporcionado estos días por los centros comerciales uruguayos, estaríamos frente a un problema serio. Tales entidades aseguran que el oriental que cruza el río “deja un promedio de 1.000 dólares diarios en la Argentina”. ¿Será así?

  Un informe de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales, destaca que el comercio latinoamericano creció en 2012, pero el Mercosur registró una caída del 2,2%.

Acciones mínimas
  Mientras tanto, ¿alguien hace algo para rescatar el Mercosur de su letargo? ¿Van a dejar que la alianza continental, la cuarta en importancia en el mundo, siga caminando por la cornisa? Más aún, ¿les interesa este marco económico, cultural y social, a los gobiernos?

  “Hace falta mucho diálogo”, diagnosticó la presidenta brasileña Dilma Rousseff  en oportunidad de visitar a su colega argentina el 25 de abril pasado. Ambas mandatarias abordaron varios temas, pero no resolvieron ninguno. La minera brasileña Vales se vuelve nomás a su país tras suspender una inversión de 6.000 millones de dólares. Los proyectos de comercio automotor no prosperaron. Se supo, eso sí, que Cristóbal López, el rey de la timba, se quedará con las estaciones de servicio Petrobrás. 

  Los negocios con Venezuela parecen estar mejor, porque el presidente Maduro acordó hace diez días con la Presidenta de nuestro país, el ingreso de automóviles argentinos al mercado venezolano.

  Por separado, ha trascendido que Brasil y Uruguay están negociando por fuera del Mercosur, la eliminación gradual de la frontera entre ambos países, claro que en un plazo de algunos años.

  Conforme lo hemos visto, si no se actúa con interés e inteligencia, “esta experiencia dinámica y ambiciosa de  integrar países en desarrollo, será otro gran proyecto frustrado”, pronosticó el economista Roberto Bouzas. 

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