martes, 21 de mayo de 2013

MEDIOCRIDAD


por Pedro Aguer

Es la expresión que revela el segmento vital entre el comienzo vegetativo que se detiene en el proceso evolutivo del aprendizaje sin lograr el aprendizaje de vivir espiritualmente.

El mediocre carece de voluntad hasta para ser mediocre. Lo es por inercia, no le queda otra cosa. Obedece al instinto y se vuelve tan peligroso como éste al no poseer dominio sobre sí, pues no conoce los límites de avance sobre los demás.

El mediocre cree que todo empieza y termina en él. Que la historia empieza a partir de él.

No comprende el vuelo del halcón. Su presa está muerta. Come la carroña aunque huela nauseabunda, porque ese es su manjar.

No conoce las alturas. Sus alas no tienen el poder infinito de la inmensidad ni del más allá. Se conforma con las cosechas denigrantes de la corrupción.

José Ingenieros en su famoso, aunque no suficientemente leído, “El Hombre Mediocre”, le dedicó páginas de extraordinaria fuerza, que por cierto lo trascienden, exaltando las virtudes superiores de los genios, sin lo cual a poco de ser iniciado el libro se hubiese quedado sin mayores argumentos.

El hombre mediocre se vale de lo que queda, de lo que le dejan, de lo que le dan; incapaz de producir el más mínimo gesto, la más mínima actitud, de originalidad, vuelca en la hipocresía todas las habilidades prestadas o robadas que lo nutren. Más éstas que aquéllas, pues su único pudor es el prejuicio de ser descubierto en sus carencias.
Desprecia el agradecimiento y si está obligado a tenerlo, no ve el merecimiento del destinatario sino su propia inutilidad. Dice gracias o felicita sonriendo para enmascarar la envidia que le corroe el sentimiento.

La política debería erradicarlos de su seno. Lamentablemente  en su ámbito son pocos los hombres superiores y abundantes los mediocres.
Nos queda pedirle a la educación que revierta el resultado.

En la escuela es posible promover la formación necesaria para que el niño, el adolescente, el joven… incuben en su cerebro que se puede ser político y honrado, que para ejercer la política es un deber no ser mediocre. Para esto deberían servir también los partidos políticos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario