RAÚL
ALFONSÍN Y EL RETORNO A LA
DEMOCRACIA
El 10 de diciembre de 1983
asumió la presidencia de la
Nación el militante
radical, Raúl Ricardo Alfonsín.
Se reinauguraba el Estado de
Derecho que fuera anulado en 1976 por un golpe de estado compartido por militares
y los civiles de siempre.Los pueblos quedan indefensos
cuando deja de actuar la república.
Recuperar la vigencia de las
instituciones fue un hecho de suma trascendencia.Se recuperó también la esperanza
de un mundo mejor posible.
El líder elegido por el 52% de
los electores, dejó el resultado donde debía quedar, en el archivo de los
comicios.Había sido un alto porcentaje,
pero dentro del 100% de todo el pueblo, al que debía gobernar.
Fiel al Preámbulo se dedicó a
gobernar “…para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del
mundo que quieran habitar en el suelo argentino…”A partir de ese día al Gobierno
democrático le tocó resistir un sinnúmero de paros e intentos de golpes, que
hicieron trastabillar el orden constitucional.
Una toma de supermercados y las
presiones de un empresariado no conforme con algunas medidas provocaron que
ante las condiciones insostenibles se entregara el mando con seis meses de
anticipación. Fue necesario entender que las condiciones de una resistencia no
estaban dadas, y traspasar el gobierno a los triunfadores, antes que doblegarse
a las exigencias de una confabulación sindical y empresarial que operaba
continuamente contra los intereses nacionales y populares. Al gobierno le era
ya imposible enfrentarla porque, sin dudas los errores no enmendados lo habían
alejado del apoyo popular. Historia repetida en nuestro País.Esto fue posible porque las
FFAA, estaban intactas, y con el resentimiento de ver a sus máximos jefes
sentados en el banquillo de los acusados. Lo que fue demostrado con las leyes
de “obediencia debida” y “punto final”.
El frente interno opositor
contaba con todo el viento a favor. En ese período hubo que encarcelar a los culpables
con capacidad operacional, que no es lo mismo que tenerlos en la celda y sin
ésta.Hoy mucho de lo que se ha
realizado positivamente es como consecuencia de mucho de lo que se dejó
plantado entonces.
Hoy se cuenta con muchos vientos
a favor. Lo que se ha perdido no es sino el resultado de actitudes que de haber
sido reemplazadas por otras, consensuadas, no impuestas con la dictadura del
número de votos, lo de entonces y lo de ahora se hubiesen podido complementar
en el rumbo de la liberación y de la construcción, para beneficio de toda la
comunidad, es decir, del 100% del pueblo argentino.De ese primer período nadie
podrá negar la consolidación de la continuidad del Estado de Derecho. Ni el
intento de reparación frustrado por adversidades propias y ajenas.Alfonsín ejerció una férrea
formación republicana.Respetó los derechos y los hizo
respetar.
Cometió errores, pero es claro,
no era sino un hombre y no conducía seres celestiales.Pero nos dejó en claro que se
puede gobernar con honradez, sin claudicar de los principios de la dignidad, de
la justicia y la equidad.
El Preámbulo debería seguir
fogoneándonos para que no claudiquemos.Es ardua y cruenta la lucha
contra el imperialismo, el colonialismo y los neos de ambos.Seamos, en homenaje a los logros
de esa lucha, hacedores de su continuidad.Hagamos uso de lo plantado
positivamente en este suelo desde el 10 de diciembre, hace 29 años.
Alfonsín sigue siendo un
paradigma de la democracia y de la participación en tal sentido. Así lo
despidió el pueblo cuando dejó la tierra, ovacionándolo en reconocimiento a su
honestidad y austeridad republicana; mientras, en tanto hombre, sus deudos y
muchos que lo quisieron y respetaron lo lloraban.
Por Pedro Aguer
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