martes, 11 de diciembre de 2012


RAÚL ALFONSÍN Y EL RETORNO A LA DEMOCRACIA

El 10 de diciembre de 1983 asumió la presidencia de la Nación  el militante radical, Raúl Ricardo Alfonsín.

Se reinauguraba el Estado de Derecho que fuera anulado en 1976 por un golpe de estado compartido por militares y los civiles de siempre.Los pueblos quedan indefensos cuando deja de actuar la república.

Recuperar la vigencia de las instituciones fue un hecho de suma trascendencia.Se recuperó también la esperanza de un mundo mejor posible.

El líder elegido por el 52% de los electores, dejó el resultado donde debía quedar, en el archivo de los comicios.Había sido un alto porcentaje, pero dentro del 100% de todo el pueblo, al que debía gobernar.

Fiel al Preámbulo se dedicó a gobernar “…para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino…”A partir de ese día al Gobierno democrático le tocó resistir un sinnúmero de paros e intentos de golpes, que hicieron trastabillar el orden constitucional.

Una toma de supermercados y las presiones de un empresariado no conforme con algunas medidas provocaron que ante las condiciones insostenibles se entregara el mando con seis meses de anticipación. Fue necesario entender que las condiciones de una resistencia no estaban dadas, y traspasar el gobierno a los triunfadores, antes que doblegarse a las exigencias de una confabulación sindical y empresarial que operaba continuamente contra los intereses nacionales y populares. Al gobierno le era ya imposible enfrentarla porque, sin dudas los errores no enmendados lo habían alejado del apoyo popular. Historia repetida en nuestro País.Esto fue posible porque las FFAA, estaban intactas, y con el resentimiento de ver a sus máximos jefes sentados en el banquillo de los acusados. Lo que fue demostrado con las leyes de “obediencia debida” y “punto final”.

El frente interno opositor contaba con todo el viento a favor. En ese período hubo que encarcelar a los culpables con capacidad operacional, que no es lo mismo que tenerlos en la celda y sin ésta.Hoy mucho de lo que se ha realizado positivamente es como consecuencia de mucho de lo que se dejó plantado entonces.

Hoy se cuenta con muchos vientos a favor. Lo que se ha perdido no es sino el resultado de actitudes que de haber sido reemplazadas por otras, consensuadas, no impuestas con la dictadura del número de votos, lo de entonces y lo de ahora se hubiesen podido complementar en el rumbo de la liberación y de la construcción, para beneficio de toda la comunidad, es decir, del 100% del pueblo argentino.De ese primer período nadie podrá negar la consolidación de la continuidad del Estado de Derecho. Ni el intento de reparación frustrado por adversidades propias y ajenas.Alfonsín ejerció una férrea formación republicana.Respetó los derechos y los hizo respetar.

Cometió errores, pero es claro, no era sino un hombre y no conducía seres celestiales.Pero nos dejó en claro que se puede gobernar con honradez, sin claudicar de los principios de la dignidad, de la justicia y la equidad.

El Preámbulo debería seguir fogoneándonos para que no claudiquemos.Es ardua y cruenta la lucha contra el imperialismo, el colonialismo y los neos de ambos.Seamos, en homenaje a los logros de esa lucha, hacedores de su continuidad.Hagamos uso de lo plantado positivamente en este suelo desde el 10 de diciembre, hace 29 años.

Alfonsín sigue siendo un paradigma de la democracia y de la participación en tal sentido. Así lo despidió el pueblo cuando dejó la tierra, ovacionándolo en reconocimiento a su honestidad y austeridad republicana; mientras, en tanto hombre, sus deudos y muchos que lo quisieron y respetaron lo lloraban. 

Por Pedro Aguer  




 

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