martes, 19 de febrero de 2013



EDUCACIÓN Y TRABAJO



Qué tema. Cuánta tinta ha corrido con mención a esta cuestión fundamental para el desarrollo social y económico de los pueblos en todo el mundo.
Cuán poca importancia se le da desde los despachos oficiales.
La educación no es tenida en cuenta respecto de su potencialidad para la capacitación del individuo en su proyecto como ser integrado al trabajo y desde el trabajo en el proyecto social. Tan poco se lo considera que solamente el problema salarial empantana todo el proceso educacional. 

Otra vez el problema salarial que no es promovido por los docentes sino por ese retaceo mezquino con que se los trata.
Recurrir a un paro no es un acto deportivo ni de entretenimiento. Es un acto de lucha. Salir a la calle no es un juego cuando salimos a luchar contra la injusticia. Es tan peligroso en lo personal como lo son las injusticias para la vida de los pueblos en general.
Cuántas veces se vuelve a la casa desalentado por la indiferencia reinante. La indiferencia de aquéllos por quienes se lucha. Y la cuestión es no aflojar. La lucha de hoy significa que la misma tenga que ser menos dolorosa, menos cruenta, mañana.

Los alumnos al no tener conciencia de lo que se trata celebran que no haya clases. El docente no. Al docente se le arranca el alma cuando piensa que perderá un día de clases, porque sabe lo que eso significa. 

El docente, como todo ciudadano quiere vivir en un mundo mejor y por supuesto, sabe que en sus manos está gran parte de esa responsabilidad.
Sabe que la base de la armonía de un pueblo está en las posibilidades de que haya trabajo y educación para todos.

Para que esto suceda es menester dedicarle mucho tiempo a la enseñanza.
Ello implica tener que despreocuparse de otros temas de carácter laboral, no andar buscando otro empleo para poder llegar a fin de mes con la mesa completa para alimentar a su familia.
La tarea del docente es un trabajo que debe realizarse a conciencia.

Es tan importante como la de un legislador, la de un juez o la de un ministro. Yo no la desmerecería frente a la de un gobernador o de un presidente. Históricamente, un docente cobra un salario menor que el 10% del de un legislador. Recuerdo que les decía a mis alumnos, futuros docentes, “la patria está aquí, con nosotros trabajando, esto que estamos haciendo es lo más importante que podemos hacer, no olviden que de las aulas que estarán a nuestro cargo se estará formando un futuro presidente o un futuro obrero, que deberán superar con su esfuerzo y sacrificio, y reparar con generosidad espiritual, las pobrezas y las miserias, que no podamos revertir nosotros”.

Nadie es más importante que un maestro en el momento en que está frente a sus alumnos.
De él depende que estos estudien para saber no sólo para aprobar. Que entiendan que el trabajo dignifica. Que se formen como seres solidarios. Que reconozcan en el amor al prójimo desde el amor a su familia como a los vecinos, a sus compañeros, a la Patria. Si esto no es prudente y responsablemente presentado en la cotidianeidad educativa no se consigue imponer como ejemplo de vida, nada más desde lo académico.

Las autoridades a esto lo saben. Es lo que prometen desde las tribunas y se comprometen para que se las elija. Pasada las elecciones, borrón y cuenta nueva. Pareciera que de un momento para otro desaparece el problema, como por arte de magia.
Desde hace mucho tiempo los salarios de los maestros han sido y son postergados, gobierno a gobierno. 

Se habla del asunto con ofertas ridículas que los irritan más que los serenan.
Empieza un nuevo período.

Se habla con grandilocuencia que nadie ha hecho más, que nadie se ha ocupado del tema como las actuales autoridades. Pero los que tenmos memoria sabemos que hubo un Presidente que sí lo hizo y con un sentido dialéctico de la historia y con una gran pasión por la educación y la salud de su pueblo. Fue el derrotado Doctor Illia, que no fue vencido en sus convicciones, pero lamentablemente fue abandonado por quienes se encargan de dividirnos para dominarnos.

Como ahora, sólo que ahora nos estamos dividiendo por cuestiones que no encaramos  dialogando sino tomando determinaciones a contra pelo de las verdaderas necesidades.
La revolución educacional será posible con maestros revolucionarios y con un gobierno que consciente de ello se preocupe por atender los reclamos docentes, que para construir un futuro próspero son insustituibles. No podemos pensar en la revolución social sin una educación concordante con los principios que ello implica: LA DEMOCRACIA Y LA REPÚBLICA SON ADEMÁS DE DOCTRINA UN COMPROMISO POPULAR Y NACIONAL.
Hoy los requerimientos para el trabajo son muchos y complejos. Quienes tienen en sus manos la capacitación, que no debe ser robótica sino la educación del hombre nuevo, deben ser mejor tratados por los gobiernos que se precien de ser progresistas. Porque el progreso no es por generación espontánea sino por educación.  

por Pedro Aguer

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